Culturales

Semana Santa 1931: Cuando Managua gimió de dolor

Fotografía tomada de internet que muestra los daños causados por el terremoto de 1931 que sacudió Managua.

María Fernanda Farrach, Kimberlin López y Ramón Bustos Castillo

Un terremoto destruyó Managua, capital de Nicaragua, el Martes Santo 31 de Marzo de 1931, su magnitud fue de 6.0 en la escala de Richter y a 5 kilómetros de profundidad, el desastre causó 1,500 muertos, 2,000 heridos y 45,000 damnificados.

La falla se ubicó en el  sector de la Penitenciaría Nacional, lugar donde fue construido después  el Estadio Nacional. Las pérdidas económicas fueron calculadas en  35 millones de dólares de la época, causadas por el siniestro y los grandes incendios.

Ese día de Semana Santa,  la actividad en Managua transcurría de forma normal,  pero a las 10 y 23 minutos de la mañana la ciudad fue sacudida por un temblor que empezó de una manera lenta y fue aumentando  intensidad hasta culminar en el terremoto que causó la destrucción de Managua.

El dinamismo de los mercados, almacenes y tiendas de comercio, estaban atestadas de clientes, que se preparaban a celebrar  la Semana Santa,  allí  fue mayor el espanto y la confusión, los que habían quedado con vida, corrían espantados en distintas direcciones.

Producto de los materiales inflamables de las boticas (farmacias) y las cocinas de leña, inició un voraz incendio que devoró más de veinte manzanas del radio central; incendio que se propagó rápido sin que nadie pudiera controlar, pues por lo aterrador del momento no hubo nadie que le hiciera frente.

Cada quien buscaba en los escombros a su madre, padre, hijos, hermanos y otros seres queridos; con el agravante, del pánico que causaban las réplicas que se sintieron después del sismo mayor; todo era lamento, ruinas, calles desoladas y un ambiente trágico.

Cayeron el Palacio de comunicaciones, los mercados Central y San Miguel, el Teatro variedades, La Casa del Águila, los templos de Candelaria, San Antonio, San Pedro, la Penitenciaría Nacional (donde murieron centenares de reos), los mejores edificios del circuito central y el que se salvó, quedó fuertemente averiado.

Permaneció en pie solo la armazón de hierro de la Catedral en construcción (iniciada en 1928), Casa Pellas, el Club Social, el Palacio del Ayuntamiento, Palacio Nacional (incendiado después por los marines norteamericanos en un momento de furia), la Casa Presidencial en la loma de Tiscapa y unos pocos edificios de particulares.

En el centro de tanto sufrimiento, surgió la figura de Monseñor José Antonio Lezcano y Ortega, Arzobispo de Managua, quien de un lado para otro se multiplicaba para socorrer a los agonizantes y dar consuelo a los que lloraban por sus muertos, su figura se agigantó entre los escombros y los cadáveres, viendo a su pueblo morir evadía con fortaleza evadía  los peligros para repartir a todos su bendiciones.

Pasando el primer impacto, ese momento de estupor, empezó la obra de salvamento, muchas personas estaban ilesas bajo los escombros y pudieron rescatarse. Los centenares de cadáveres no identificados, fueron llevados en camión al cementerio y  los echaron en una gran sanja que sirvió de fosa común.

El terremoto sorprendió al Presidente de Nicaragua general José María Moncada quien disfrutaba sus vacaciones de Semana Santa en su Palacete en Venecia junto a la laguna de Masaya, en ese tiempo Nicaragua estaba intervenida por los Estados Unidos  y las noticias se difundieron por la Tropical Radio propiedad de los marines.

Moncada llegó a Managua el mismo día  por la tarde, e instaló una improvisada Casa Presidencial  en la casa de su primo y subsecretario de Relaciones Exteriores Anastasio Somoza García, frente a la ermita Perpetuo Socorro, esquina opuesta al Campo de Marte, después el Gobierno del general Moncada se trasladó a Masaya, que por algunos días fue la capital.

La ley marcial fue decretada y los marines la aplicaron, se usaron cartuchos de dinamita para demoler los edificios no destruidos y así detener el avance de las llamas, pero las explosiones causaron más daños que el mismo terremoto.

Los heridos y golpeados fueron enviados a los hospitales preparados para la emergencia en León, Masaya y Granada, ya que en Managua era difícil atenderlos, la ciudad era un solo lamento. Hogares enlutados, riquezas destruidas, quemado el archivo nacional donde existía toda la documentación histórica de Nicaragua, por dicha se salvó la Biblioteca Nacional.

La ayuda internacional llegó rápido, siendo los países centroamericanos los que llegaron primero, después lo hicieron los demás países y  muchos filántropos  con ayuda importante, que hizo  posible el inicio de la reconstrucción de la ciudad.

Vinieron muchas misiones que prestaron valiosos servicios, tanto en la capital como en otras ciudades donde se encontraban refugiados los damnificados, entre otras, fue la Cruz Roja hondureña la que más se distinguió.

Don Gratus Halftermeyer, historiador de Managua, cuenta un caso curioso y providencial que ocurrió en el barrio de la Penitenciaría. A la hora del terremoto un hombre cavaba un pozo de 30 varas de profundidad. El hombre creyó que llegó su último momento al ver que las paredes del pozo se movían y gritó desesperado, pero fue en vano, en ese momento no había quién lo sacara de aquella profundidad. El  brocal  estaba terminado, cayó pero hacia fuera, sin caer ni una arena donde él estaba, después, este fue sacado sano y salvo.

Muchos edificios y casas de taquezal sobrevivieron al sismo, pero les hicieron reparaciones cosméticas, que dejaron ocultas las lesiones en sus bases, razón por la cual 41 años, 8 meses y 22 días después cayeron por el terremoto del 22 de Diciembre de 1972.

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