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Rescate milagroso en las aguas de El Menco

Por Lorena Hernández / El Aventino

Darling

Darling Meléndez posa junto a su niño.

 

Darling nunca imaginó que su mayor prueba espiritual estaba en las profundas aguas de El Menco, un balneario del departamento de Rivas, donde batalló durante media hora con su desesperación hasta el punto de retar a Dios por su vida.

“Si eres el Todopoderoso sálvame de esta o déjame morir aquí”, desafiaba Darling, mientras el mar la sumergía y ella con su débil fuerza trataba de salir a flote. Y en la costa decenas de hermanos evangélicos junto a su familia clamaban a Dios por su vida y la de otra joven que estaba en la misma situación, pero más alejada de ella.

Ambas habían llegado alegres a El Menco porque sería el lugar donde recibirían el bautismo para una nueva vida cristiana.

“El gran día llegó y nunca pensé que me iba a marcar de una manera tan grande, y no por el buen recuerdo de morir al hombre viejo y nacer en Cristo, sino el de escapar de la muerte e ir a las bodas del cordero”, expresa Darling Meléndez, recordando ese episodio.

Ese día Darling se puso su bata blanca para entrar a las aguas. “Recuerdo que el agua me llegaba hasta las rodillas, empezamos a orar para fortalecer nuestra fe y poder llegar a cumplir mi objetivo del bautismo. Era la número 7 en dar ese paso tan importante el número perfecto de Dios, estar entre 14 jóvenes que igual que yo decidían emprender una nueva vida en Cristo reconfortaba mi alma y mi ser, Cristo me llenaba de gozo”, relata la joven.

“Después de una intensa oración llegó mi momento, en donde sentí un fuerte escalofrió que cubría todo mi cuerpo, me armé de valor y di un paso al frente y escuché esas pequeñas palabras que me marcarían para siempre mi vida: Darling Meléndez creyendo en lo que dice la palabra que el que cree en mi será salvo, hoy te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo…. amén” luego de haber sido sumergida en las aguas pasé mis manos sobre mi cara e hice mi cabello atrás, en ese momento vi mi entorno con nuevos ojos y perspectivas, pues nueva criatura ya era. Luego oramos y dimos gracias a Dios porque habíamos logrado cumplir nuestra meta y ser nuevas criaturas en Cristo Jesús”.

“Luego nos disponíamos a compartir, todos sentados en la arena a agradecer a Dios por los alimentos, pero Manuel, un joven guitarrista de la iglesia, gritaba que nos avecináramos nuevamente a las aguas, rápidamente invité a mi amiga Dina quien también fue una de las que se bautizó.

Corrí hacia las orillas del mar y estuve dos segundos viendo el oleaje y empecé a entrar en el inmenso mar, cuando estábamos todos dentro, éramos alrededor de unas 7 personas, hicimos una cadena en donde nos tomamos de las manos y todos a la vez queríamos pasar las ondas del mar, yo estaba en el extremo de la cadena y una fuerte marejada nos sacudió a todos, en ese momento me sostuve muy fuerte de mi compañero del lado y reíamos de la sacudida que el mar nos había dado.

Dejamos de reírnos cuando inesperadamente una gran ola hizo que todos nos soltáramos, en ese momento de desesperación quise tratar de sostenerme de uno de los varones y poder salir a las orillas, pero fue ahí en donde algunos la marea los aventó y pudieron nadar para lograr salir, en cambio mi suerte y la de Dina no fue la misma, yo trataba de poder mantener mi cabeza fuera del agua pero la profundidad en la que estaba no me lo permitía, empecé a desesperarme aún más y gritaba muy alto y llamaba a mi mamá quien al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo se encontraba en la orilla desesperada tratando de buscar ayuda para que pudieran socorrerme, vi que alguien trató de salvarme y llegó hasta donde estaba yo y lo tomé del hombro, cuando de pronto solo sentí que una ola lo arrebató de donde yo estaba, recuerdo que le aruñé la cara.

Mientras Darling luchaba con las olas, los hermanos en Cristo oraban y reprendían demonios de muerte, pues ya habían pasado 10 minutos que ella estaba dentro del mar. El poco oxígeno que lograba obtener mientras el oleaje la sumergía y sacaba era lo que la mantenía aún con vida.

“Empecé a escuchar coros celestiales, eran voces tan hermosas que alababan y decían Aleluya! En la misma desesperación llegué a retar a Dios que incrédula que fui. En un segundo intento de rescate me lanzaron un mecate el cual logro atraparlo con uno de mis pies, pero me sumergía más, no sé cómo me armé de valor y me sumergí y agarré el mecate y rápidamente lo amarré a mi abdomen para que me rescataran. Me dieron primeros auxilios, expulsé de mi cuerpo toda el agua que había tragado, me abrigaron y reposé en un viejo petate, luego de 10 minutos vi salir a Dina del agua. Oraron por todos, ya que  habíamos logrado salir con bien de esa dura experiencia, Manuel se me acercó y me pidió disculpas por habernos llamado a entrar a las peligrosas aguas, respondí rápidamente que él no era culpable de nada de lo que había pasado sino la desobediencia del hombre y es que mi madre me dijo que no entrara a las enfurecidas aguas.

Una noche anterior a la del incidente había pasado acostada con mi mamá, ella acariciaba mi cabello y me decía lo mucho que me quería hasta quedarme dormida. Luego comprendí que si en los planes de Dios no hubiese estado salir con bien de esa experiencia esa hubiera sido la despedida que tuve con mi madre.

Al pasar los días sentía miedo por entrar a bañarme y sentir como el agua nuevamente recorría mi cuerpo, cuando cobijaba mi cuerpo sentía que era una ola del mar que me cubría y lloraba. Sin duda me marcó para siempre.

Actualmente tengo 21 años y esta Semana Santa mi familia decidió visitar las frescas aguas de Masachapa, pero con la experiencia que tuve tengo miedo hasta que mi hijo se meta al agua. Ahora comprendo que es la misericordia del Señor, que me mantiene a pesar de todos mis pecados, Él sigue siendo fiel.

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