Noticias Nacionales

Recordando a Lolita Soriano, la “Madrina de los Artistas”, a 15 años de su partida

Por: Clemente Guido Martínez*. Su hijo espiritual/Colaboración para El Aventino//

A LOLITA la conocí en su última década de vida. La conocí antes de la muerte de don Julián en 1996, pero realmente me convertí en su hijo espiritual después de la muerte del maestro Guerrero,  aquél elegante hombre de blanco, con boina negra, bastón y porte de caballero. Aquél quijote de la historiografía nacional nicaragüense, que llegaba a mi oficina de Director de Patrimonio Histórico Municipal de Managua desde 1990 y siguientes años, hasta su muerte sucedida el 14 de abril de 1996.

Lolita se quedó sola.  Y en 1997, cuando fui nombrado Director General del Instituto Nicaragüense de Cultura (INC), recibí el encargo de ayudarle en lo que pudiéramos a la “Madrina de los Artistas”. Y comencé a visitarla y a apoyarla, con la salvedad necesaria de aclarar que ella nunca pidió algo para sí misma, siempre que pedía lo hacía para sus artistas desprotegidos y necesitados.

Su casa en el barrio Altagracia, fue un lugar de encuentro de artistas e intelectuales, como en los años 50-70 lo fue el Liceo Lola Soriano en las cercanías del Palacio de Comunicaciones, en el viejo centro histórico de Managua. Ahí, en su casa se reunían los compositores, los intérpretes, los poetas, los músicos, los Dariano del pueblo, los pintores jóvenes, en fin todo aquél que quisiera refugiarse en su casa, lo hacía con la seguridad de encontrar en Lolita una madre afectuosa y gentil.

Una casa llena de gatos por doquier…quejas de los vecinos…alegría de Lolita, que a todos sus gatos los conocía con nombre propio, y mediaba entre ellos cuando se armaban los pleitos de gatos. Por supuesto que el olor a gato predominaba en el ambiente de la Casa Liceo Lolita Soriano. Mis hijos mayores Clemente José y Celeste María, alguna vez fueron a su casa, y la recuerdan por sus gatos…”la señora de los gatos” me dicen ahora que son adultos.

Los retratos al óleo pintados por diferentes artistas plásticos, engalanaban las paredes de la casa, y numerosas piezas arqueológicas entre auténticas y réplicas, enriquecían la visita de cualquier persona a la honorable dama nacida en Managua el 18 de junio de 1922.

Por supuesto que el tema Rubendariano era inevitable en la Casa de Lolita. Había una mascarilla (hoy en el Museo Nacional de Nicaragua) de Rubén Darío cuando estaba difunto en León. Muchos libros sobre la vida y obra del poeta. Bustos. Todo era Dariano en la casa de Lolita.

Cuando la conocí andaba por sus propios pies, después de unos pocos años, ya para el año 2000, ella tenía que usar silla de ruedas para movilizarse. Se iba deteriorando en su salud, pero siempre aceptaba ir a las invitaciones que se le hacían. Entonces la veíamos llegar al Palacio Nacional de la Cultura y entre varios compañeros solidarios la subían en su silla de ruedas hacia el lobby, dado que el Palacio no cuenta con acceso para personas discapacitadas. Era una jornada dura para los que tenían que subirla con todo y silla de ruedas. Un riesgo necesario para que ella presidiera los actos culturales.

Si yo era el Director General de Cultura por razón de mi nombramiento, ella era algo así como la Co-Directora de Cultura por razón de su autoridad moral. Nunca olvido cuando me el Presidente de la República me designó Director General, ella me dijo…”cuídate de las personas envidiosas, te van a querer dañar”. !Cuánta razón tenía!.

Algo que amaba Lolita eran los “Corsage” (pequeñas flores al pecho del portador), y siempre ella contaba con uno o dos para ponérselos a quienes consideraba dignos de tal distinción. O bien sus medallas y diplomas, las del Liceo Lolita Soriano, que daba a los que ella consideraba dignos de recibirlos por su amor al arte y a la cultura.

Lolita me mostró la batuta de Luis Abraham Delgadillo, y fotos donde aparece el compositor, dirigiendo orquestas sinfónicas que se exhibían en el Liceo Lola Soriano. Esta batuta ahora está en el Archivo Municipal de Managua, custodiada mientras se restablece el Museo Liceo Lola Soriano.

Cuando Lolita murió, yo estaba fuera del INC, había renunciado al cargo el 9 de julio del 2001, y ella murió el 31 de agosto del mismo año. No pude atender sus exequias como funcionario público de alto nivel, sino que acudí a su sepelio como su hijo espiritual. Me enardeció ver que ningún funcionario del Instituto Nicaragüense de Cultura (INC), atendió a la anciana en sus últimos momentos. Fue un empresario privado, el Ing. Enrique Zamora, quien le dio ayuda en sus últimos momentos y para su sepelio. Don Enrique que también le había ayudado a ella en su Liceo en la década de los 90.

El año pasado, el 23 de marzo del 2015, Ernesto Medina, el cuñado de Lolita (quien estuvo casado con Paquita Soriano, la hermana menor de Lolita), llegó a mi oficina de Patrimonio Histórico en el Centro Cívico, para pedirme que me hiciera cargo de la Casa de Lolita, que después de 13 años él ya no podía sostenerla por sus medios y sabía que yo iba a recibirla.

Atendí el llamado de auxilio, y pedí autorización a las autoridades superiores de Gobierno para intervenir en la casa poniendo a resguardo los bienes muebles de Lolita, sus colecciones arqueológicas, pinacoteca, documentos, libros, fotografías y demás objetos que pudiéramos considerar de valor histórico. Varios equipos de trabajo integrados por personal de Patrimonio Histórico se dieron a la tarea de levantar un inventario pormenorizado y de poner todos los bienes a resguardo, sin sacarlos de la casa, en espera de que la única heredera (una sobrina) residente en Europa, defina el futuro de estos bienes.

Al cumplir 15 años de su paso a la inmortalidad, la casa Liceo sigue custodiada amistosamente, y sus colecciones bajo resguardo municipal y del Instituto Nicaragüense de Cultura (INC), casi toda la pinacoteca y archivo fotográfico de Lolita está en el Museo Nacional de Nicaragua desde el año pasado.

Ella no dejó hijos carnales, solamente muchos hijos espirituales, como este quien escribe estas breves memorias de la mujer que entregó su vida a la cultura de Nicaragua y ahora descansa en la paz de Dios, y sus restos mortales en el Cementerio General de Managua.

Honora a quien honor merece.

*El autor es Director de Patrimonio Histórico Cultural de la Alcaldía de Managua.

Anuncios

Categorías:Noticias Nacionales

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s