Psicología y Educación

La soberbia no es sinónimo de grandeza

Por MSc Eudilia Molina C./Psicóloga/ EL AVENTINO//

soberbia

Foto reproducida de Catholic.net

La soberbia es una conducta anormal en el desarrollo de la personalidad, considerada en la Psicología como una actitud de autodefensa en algunos casos, es decir, como un mecanismo de defensa que no permite al individuo o persona reaccionar ante sus propios sentimientos o actuaciones.  La soberbia es la pasión desordenada sobre sí mismo, es el enmascaramiento del amor propio. La soberbia es estimarse más muy por encima de los demás, es falta de humildad de lucidez y es fuente de muchos males en la conducta, porque se adora a sí mismo.

Otras características de la soberbia son: la prepotencia, presunciones, jactancia vanagloria, entre otros.  Es decir, la inteligencia hace juicios deformados de sí mismo de forma positiva sintiéndose el centro de todo a esto se le conoce en psicología como idolatría personal.

Existen dos tipos de soberbia: La que se muestra como pasión y daña y afecta la personalidad, es decir es un afecto excesivo de sí mismo que afecta la razón, y el sentimiento ardoroso, llega a ser tan intenso que nubla la razón, en algunos casos esta situación oscurece totalmente el juicio y no permite a la persona que vea con una mínima de objetividad, por ejemplo no acepta su realidad, no puede ver sus defectos.

El segundo tipo, es percibido como un sentimiento, menos intenso se acomoda en su cerebro y puede ser capaz de captar un poco su realidad, por ejemplo cuando se ríe de sí mismo, reconociendo “soy soberbio…lo acepto”.

Entre estos dos tipos deambula la soberbia y predomina más uno de ellos. Francisco De Quevedo, manifestó que “la soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió”.

La soberbia es más intelectual y proviene de personas que han sido destacadas en algunas facetas de la vida, en psicología se le conoce como una deformación de la percepción. San Agustín decía: “La soberbia no es grandeza, sino hinchazón, y lo que está hinchado, parece grande, pero no está sano”.

La soberbia, el orgullo y la vanidad

La soberbia, el orgullo y la vanidad son una triada de sentimientos, con mayor o menor intensidad, se enmascaran con altanería, arrogancia y tonos despectivos hacia los demás. También se mezclan con desprecio y desconsideración, frialdad en el trato, creando distancia gélida, impertinencias, incluso manifiestan tendencias a humillar, enmascarando insolencias cínicas y mordaz.

El orgullo es de orden emocional, es una alta opinión de uno mismo, mediante el cual la persona se presenta con superioridad y aire de grandeza extraordinario. El orgullo puede ser normal y hasta reconocido, por ejemplo el amor a uno mismo, por méritos propios, si está dentro de los límites normales, “me siento orgulloso de mis esfuerzos, pasé por muchas dificultades, pero aquí estoy”.

La diferencia está cuando cae en el vicio de las emociones, la persona se aísla, se separa de la familia y no le permite socializar, porque se siente superior a ellos, piensa que no se han esforzado, no pueden tener paz consigo mismo, porque se les cierra la razón y enferma los pensamientos que asume a lo interno de la personalidad, afectando el alma.

La vanidad, convierte a una persona en cerebro vacío, hueco, sin solidez, solo es apariencias o figureo, la vanidad pertenece a los trastornos de la personalidad y se forma en el cerebro periférico, aferrándose en el comportamiento.

La soberbia y la vanidad no sirven de nada, bien dijo Salomón que “donde hay soberbia, allí habrá ignorancia, pero donde hay humildad, habrá sabiduría”.

La vanidad es un vicio engendrado por la soberbia que deforma la personalidad, existiendo otros vicios como: la vanagloria, sobre autoestima, ostentación, hipocresía, jactancias, celos, violencia, rencores y prepotencia.

Entre la soberbia y el orgullo exciten grados, matices, vertientes y cruzamientos  recíprocos que pueden llegar a patrones del síndrome del narcisismo, precedido por el complejo de superioridad y la necesidad enfermiza del reconocimiento de sus valías, de parte de otras personas, que le hacen llegar a su auto contemplación  como una obsesión exagerada.

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