Noticias Nacionales

1972: El día en que la tierra se “abrió”

Por María Elena Palacios/ EL AVENTINO //

portada

Un gemido fuerte, ronco, entremezclado con el rugir de la casa sacudida por el movimiento telúrico y pedazos de tejas cayendo como lluvia, a lo lejos se escuchaban gritos de angustia y dolor, mientras el tendido eléctrico amenazaba con latigazos chispeantes. Esa fue la madrugada en que la tierra se estremecía en víspera de la Navidad.

Era el 23 de diciembre de 1972 cuando a las 12:35 de la madrugada un terremoto de magnitud 6,2 en la escala de Richter seguido por dos réplicas devastaban la pequeña y próspera ciudad de Managua, adornada en sus principales calles con luminosos motivos navideños a la espera de la fiesta más significativa de las familias capitalinas.

Puedo decir que la noche del 22 de diciembre el cielo advertía la catástrofe. Eran menos de las 10 de la noche cuando mi hermana y yo salimos a buscar una fritanga para comprar algo de comer a unas cuatro cuadras de mi casa en el barrio El Riguero. En el camino empezaron a moverse los cables eléctricos provocando chispas, eso nos hizo ver el cielo que por primera vez mostraba un color rojizo intenso. ¡Mirá el color del cielo!. ¡Qué raro! ¡Me da miedo! Le decía a mi hermana, mientras aligerábamos el paso para regresar pronto a nuestra casa.

Mi madre nos dijo que hubo un pequeño temblor y que debíamos de dormir de inmediato porque al día siguiente saldríamos muy de mañana hacia Sébaco, municipio de Matagalpa, donde pasaríamos la Navidad en casa de nuestra abuelita paterna.

Pocas horas después el fuerte movimiento telúrico nos despertaba, mientras mi madre nos buscaba a tientas en medio de la oscuridad y mi padre trataba cómo abrir las puertas de la casa que se tallaron con el dintel, hasta que pudimos salir y nos dimos cuenta que una de mis 6 hermanas tenía cubierta de sangre la cara por una teja que le cayó en la cabeza.

Nos fuimos al patio de la casa donde estaríamos a salvo de cualquier cosa que podría caer. Escuchaba a mis padres rezar, mientras las réplicas hacían cada vez aumentar mi angustia. Fue la madrugada más larga de mi vida, veía que nunca amanecía y ya nos afectaba la falta de agua.

El enjambre sísmico hizo que de pronto surcara en medio de mi casa una enorme grieta en el suelo. ¡La tierra se abrió! Pensé.  Y de inmediato me hizo creer que la tierra se abriría aún más y que podríamos caer al vacío; era la mente de una niña de apenas 10 años, que creía en los cuentos que decía mi abuelito materno cuando corríamos en Semana Santa. “Vos niña no corrás porque puede abrirse la tierra”.

Mi padre no esperó el amanecer y nos dijo que saldríamos hacia Sébaco con solo la ropa que teníamos preparada para llevar a pasar la Navidad. Recuerdo que teníamos menos de un mes de estrenar muebles nuevos y a mi padre no le importó dejarlos junto con el televisor, la cocina, los libros, las bicicletas y todo lo que teníamos. Yo le manifesté que no podíamos dejar las cosas así e irnos, pero él dijo: Nos vamos sin nada, eso se puede reponer. Para mi padre eran más importante las vidas de su esposa y sus 7 hijos, todos muy pequeños.

Salimos poco antes de las 5 de la mañana rumbo a la Cotrán (así se le llamaba a la terminal de buses que viajaban hacia el norte del país), aún estaba oscuro. Apresurados cargando el equipaje caminábamos entre los escombros de las casas y postes que obstaculizaban las calles. Escuchábamos llantos de dolor, gemidos, veíamos a la gente que buscaban cómo rescatar a sus familias entre las ruinas.

Una prima de mi mamá murió esa madrugada, cuando intentó sacar de la cuna a su bebé. No logró llegar hasta donde él, porque una viga de la casa le cayó en la cabeza, matándola instantáneamente. Su hijo se salvó.

Caminamos varios kilómetros hasta abordar el bus que nos llevaría a Sébaco, donde también mis tíos se albergarían junto a su familia. La llegada a este poblado, a 102 kilómetros al norte distante de la capital, nos llenó de alivio, pero a la vez de nostalgia, porque en mi pequeña mente pensaba que Managua desaparecería por la catástrofe.

El terremoto de 1972 destruyó el centro de la ciudad capital y causó unas 10 mil muertes y cerca de 20 mil heridos. Decenas de fallas quedaron activadas después de ese fatídico día. Cuarenta y un años antes había sido sacudida por un terremoto que devastó la débil infraestructura.

VIDEO: https://www.youtube.com/watch?v=3RbgRY5zduU

 

Anuncios

Categorías:Noticias Nacionales

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s