Economicas

El FMI y su propuesta de política cambiaria y competitividad para Nicaragua

Néstor Avendaño / Colaboración / El Aventino

cambiaria

En años recientemente pasados, la proyección oficial de la tasa de inflación anual de Nicaragua que realizaba el Banco Central de Nicaragua (BCN) había sido la simple suma aritmética de la tasa de deslizamiento anual del tipo de cambio oficial, o sea, el piso inflacionario, y de la tasa de inflación anual de los países de economía avanzada, es decir, la inflación importada.

Esa curiosa proyección inflacionaria, cuya gráfica era una línea recta con un nivel constante de 7% en el corto y largo plazo, se explicaba con la tasa de deslizamiento de 5% anual del tipo de cambio oficial y la tasa de inflación internacional anual de 2%. Sin embargo, en los años de 2015 y 2016 la tasa de inflación anual fue igual a 3.05% y 3.13% respectivamente dada la disminución de los precios internacionales de los bienes primarios, principalmente el petróleo, mientras que en el primer semestre de este año la presión inflacionaria acumulada es del orden de 1.99%. El BCN abandonó el curioso método del cálculo inflacionario y adoptó un rango inflacionario anual, que usualmente fue entre 6% y 7% y para el año de 2017 es entre 5.5% y 6.5%.

Al tener Nicaragua una economía muy abierta -en precios constantes, para 2016 la suma de las exportaciones e importaciones de bienes y servicios no factoriales representó el 109% del Producto Interno Bruto (PIB)-, el país no puede enfrentar los choques externos de los términos de intercambio que ponen en riesgo la competitividad empresarial y, además, al tener una economía muy dolarizada extraoficialmente acompañada de toda la gama de mecanismos de indexación de precios en córdobas con el tipo de cambio no dispone de instrumentos sólidos de política monetaria. En ese entorno, la política cambiaria del BCN, cualquiera que sea, es inefectiva porque no puede establecer un tipo de cambio real que promueva el esfuerzo de los exportadores y nos aleje del grave déficit comercial externo, otra línea recta de la economía que oscila alrededor del 20% del PIB anual desde hace muchos años.

Por esas razones, es bastante discutible la opinión de la misión técnica del FMI de que el tipo de cambio reptante es el ancla de las expectativas inflacionarias, ya que el anclado fue el tipo de cambio real al minimizar el diferencial entre la tasa de inflación local y la tasa de inflación internacional. El mantenimiento de un tipo de cambio reptante corresponde sólo al corto plazo, pero en Nicaragua ha estado vigente desde el 10 de enero de 1993.

Habría que analizar un poco más si el tipo de cambio reptante podría agravar el impacto de un riesgo externo sobre la producción, las exportaciones y la competitividad, tal como lo declara el FMI en la Consulta de Artículo IV de 2017. A simple vista, la posición de las reservas internacionales oficiales está expuesta al riesgo con el desplome de la cooperación petrolera de Venezuela y con la iniciativa “NICA Act” en el Congreso de Estados Unidos que, en caso sea aprobada, afectaría a la principal fuente actual de recursos externos del país, como lo es el flujo bruto de la inversión extranjera directa que representó el 10.9% del PIB en 2016.

La dolarización extraoficial, que ofrece una protección contra la inflación del córdoba y disminuye el riesgo que una devaluación cause una corrida bancaria, además de que los depósitos de ahorro y a plazos en córdobas gozan de mantenimiento de valor, también puede desestabilizar al córdoba si no se garantizan las condicionalidades de la estabilización macroeconómica de que el saldo de las reservas internacionales brutas en las arcas del BCN sea igual a 2.5 veces el saldo de la base monetaria y a 4 meses de importaciones de bienes CIF. Sin instrumentos sólidos de política monetaria, la estabilidad del tipo de cambio y de una baja inflación se ha logrado desde mayo de 2016 con una fuerte desaceleración de la tasa de crecimiento de la liquidez en córdobas sin mantenimiento de valor, la moneda oficial del país que apenas domina el 20% del mercado monetario local.

Finalmente, muy bien señala el FMI que la competitividad podría ser afectada por riesgos externos, tales como la fortaleza del dólar, las crecientes tasas de interés internacionales y los cambios de la política macroeconómica de la administración de Estados Unidos, y recomienda fortalecer la competitividad empresarial en el mediano y largo plazo mediante la diversificación  de productos y mercados para reducir la dependencia externa, el mejoramiento de la infraestructura, el aumento de la inversión en capital humano, el fortalecimiento de la calidad de las instituciones y la reducción de los cuellos de botella en la capacitación de la fuerza de trabajo, con el objetivo de elevar el crecimiento económico potencial del país. A lo anterior se podría agregar la transferencia de tecnología a las micro empresas y pequeñas empresas, el logro de un mayor impulso digital tanto en el sector privado como en el sector público, y el fortalecimiento del aún banco estatal de fomento a la producción.

Sin embargo, en este ámbito no comparto la opinión fondomonetarista de que “los salarios en Nicaragua siguen siendo los más competitivos de toda la región de Centroamérica”, porque significaría oficializar la pobreza del país; al contrario, con una mejor y mayor cobertura de la educación técnica y con la creación de puestos de trabajo decentes se impulsaría el aumento de la productividad y del salario real.

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