Economicas

Tres falacias sobre las minas de oro en Nicaragua

Néstor Avendaño / Colaboracón / El Aventino

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La Explotación de Minas y Canteras de Nicaragua es una actividad económica “motor”, o sea, es una actividad impulsora del crecimiento económico del país. Esta conclusión se puede obtener con la aplicación de procedimientos científicos económicos relacionados con la Matriz de Insumo-Producto (MIP) de Nicaragua 2016, de tamaño 14×14, elaborada y publicada por el Banco Central de Nicaragua (BCN), específicamente a través del cálculo de los Índices de Rasmussen que facilitan el análisis estructural de la producción de bienes y servicios.

Sin embargo, la rama de la minería metálica nicaragüense ha estado sujeta a una serie de críticas desde hace varios años, aparentemente sin asidero académico y, además, no muy cercanas a la realidad, que rayan desde su poca contribución a la economía y los escasos beneficios a los trabajadores mineros, hasta el deterioro de los recursos naturales. Por estos motivos, con base en datos oficiales del país, presentamos un análisis que trata de contrarrestar las cualidades negativas que se le han atribuido inapropiadamente a la explotación de minas del país.

1 La minería metálica es una actividad económica “isla”. Esta afirmación ha sido una de las falacias más importantes de los que se oponen a esta actividad económica. Una actividad económica “isla” presenta una poca o casi nula capacidad para arrastrar a otras actividades relacionados con ella, por la vía de la demanda de productos intermedios o insumos o materias primas, ni reacciona frente al efecto de arrastre provocado por las variaciones de la demanda de otras actividades económicas.

La producción de oro y de materiales para la construcción son actividades económicas “base”, porque el efecto de otras actividades económicas sobre la producción de oro, piedra cantera y arena, tales como energía eléctrica y servicios de comercio, contables y financieros, es mayor que el arrastre promedio de la economía del país, es decir, tiene un efecto de arrastre “hacia atrás importante; sin embargo, el efecto de arrastre de la producción de oro sobre otras actividades económicas, el efecto de arrastre “hacia adelante”, es inferior al arrastre promedio de la economía, o sea, el oro no es un insumo muy demandado por otras empresas. En conclusión, tanto la producción de oro como la de materiales de construcción pueden considerarse como “estratégicas” para Nicaragua, porque pueden crear estrangulamientos del sistema de actividades económicas.

De acuerdo con la MIP 2006, el 66.1% del valor bruto de producción del oro y de la plata se deja en el mercado local a través de la compra de insumos nacionales, el pago de las remuneraciones a los trabajadores, el pago de impuestos indirectos y el ingreso mixto (salarios y utilidades) de productores artesanales de oro. Por consiguiente, el 33.9% del valor bruto de producción de oro y plata queda fuera del país, a través de la compra de insumos importados, el gasto de la depreciación de los activos fijos y las utilidades brutas.

Por otro lado, las ventas de insumos de origen minero metálico a las otras actividades económicas del país no son significativas, porque apenas representan el 7.0% del valor bruto de producción de oro y el 3.7% del valor bruto de producción de plata. Por lo tanto, se destina el 85.8% y el 7.2% del valor bruto de producción de oro a la exportación y a los inventarios en ese mismo orden, y el 97.3% del valor bruto de producción de plata a la exportación porque en 2006 se registró una disminución de inventarios de este rubro del orden de 1.0% de su valor bruto de producción.

2 La minería metálica posee una gran área de la superficie terrestre del país y produce muy poco. Esta afirmación ha sido muy apresurada, porque al 3 de abril de 2017, el Ministerio de Energía y Minas (MEM) informó que Nicaragua tiene una superficie de 130,375.5 km2, del cual el espacio terrestre es 119,005.4 km2, y la superficie disponible para la minería, o sea, aptas para la explotación de minerales metálicos y no metálicos, es 58,949.3 km2. Además, el MEM ha restringido una superficie de 33,133.2 kma la minería, porque es un área protegida por sus recursos naturales.

De la superficie terrestre con vocación minera, el MEM ha concesionado 9,376.3 km2 a la minería metálica y 651.6 km2 a la minería no metálica, pero esas concesiones no implican que se encuentren en explotación. Las dos empresas de la minería metálica operando actualmente en Nicaragua, la canadiense B2Gold y la colombiana HEMCO, apenas mantienen en producción una superficie de 349.37 km2, que representa el 0.3% del espacio terrestre nacional y el 3.7% de la superficie concesionada a la minería metálica.

Con esa área muy pequeña en explotación, en 2016 las dos empresas mineras -con 5,600 trabajadores directos que tienen una remuneración (salario y prestaciones) promedio mensual por trabajador equivalente a US$933, y con una inversión extranjera directa de US$917.8 millones acumulada en el período 1991-2016, que representa el 7.4% del flujo bruto de la IED en ese período, incluyendo la exploración petrolera y excluyendo la reinversión de utilidades de las empresa mineras metálica- produjeron 267 mil 284 onzas troy de oro y 681 mil 683 onzas troy de plata, y el oro se posicionó como el tercer rubro exportador más importante del país al reflejar el valor FOB de US$317.9 millones, superado sólo por la carne de ganado vacuno y el café.

3 La minería metálica destruye el medio ambiente. Esta particularidad no es exclusiva de la minería. Cualquier proceso productivo afecta el medio ambiente. Así se podría opinar de la agricultura, la ganadería, la pesca, la silvicultura, la industria manufacturera, la construcción de la red vial, la generación de energía eléctrica, entre otras actividades económicas.

Las empresas mineras han prevenido la contaminación de los suelos en el procesamiento de extracción de oro y plata, con una adecuada infraestructura tecnológica. Además, han contribuido en los siguientes ámbitos de los distritos mineros: construcción de viveros de plantas forestales y frutales, reforestación, ferias para la protección de recursos naturales; preservación de las cuencas fluviales; realización de campañas educativas para el manejo de desechos y limpieza de la comunidad, recolección de basura y de productos para reciclaje y construcción de vertedero y relleno sanitario; capacitación en educación ambiental a colaboradores y estudiantes para su conversión en promotores ambientales; acceso al agua potable, tratamiento de aguas residuales y ampliación de ductos residuales; eliminación progresiva del uso de la leña para cocinar, sustituyéndola con gas butano; y  fortalecimiento de la seguridad física de los trabajadores, incluyendo a sus familias, y del medio ambiente relacionados con la pequeña minería, por medio del apoyo técnico orientado a mejorar la productividad, acompañado con proyectos factibles para las cooperativas.

Finalmente, falta agregar una preocupación compartida por el Estado, las empresas mineras y las comunidades de los distritos mineros: Las minas explotan recursos que no son renovables y tienden a agotarse. Para evitar la emigración, el desempleo y la pérdida del bienestar de la población de las comunidades mineras con el cierre de una explotación minera, es necesaria la formulación e implementación de planes de desarrollo local para los municipios mineros.

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