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Las emociones después de los 50 años

PAREJA

Por: Dra. Eudilia Molina Cabezas./ Psicóloga/ EL AVENTINO//

La edad no representa vejez, sino las vivencias que se han venido formando desde el momento del nacimiento, trayendo de forma innata la herencia de sus progenitores.

Los diferentes cambios que se presentan en el desarrollo cognoscitivo y emocional a lo largo de toda la vida expresan la diversidad del carácter individual de lo psíquico, del medio ambiente, la familia, lo social y lo cultural.

Alcanzar una edad madura, no es llegar al final de la meta. Habría que preguntarse ¿Qué me falta por hacer? ¿Qué metas debo plantearme? ¿Cuáles son mis expectativas de interés? Estas y otras interrogantes debemos plantearnos sin perder nuestra realidad.

Cada persona como protagonista de su historia de vida, de su auto-concepto, de creencias y valores con los cuales participa en su propio desarrollo, debe tomar conciencia que el envejecimiento es también un fenómeno sociocultural, es una etapa de determinación social que atraviesa la individualidad donde es reelaborada al tomar un sentido personal, convirtiéndose entonces en un factor de desarrollo humano.

La inteligencia emocional es “la habilidad para percibir, generar y acceder a emociones que faciliten el pensamiento para comprender el conocimiento emocional y para regular las emociones de manera efectiva permitiendo el crecimiento intelectual y emocional” (Mayer, Salovey y Caruso, 2004, p.15). Es decir, de acuerdo a la edad el ser humano debe haber aprendido a manejar sus reacciones endógenas y exógenas tomando como principios pensar más en los demás que en sí mismo.

La persona mayor cuando pasa de los cincuenta y tantos años, piensa más en lo que le falta, en lo que no ha hecho y en lo que debió hacer y no lo hizo.  Los paradigmas primitivos crean los sentimientos de frustración, se convierten en inconformidades, siendo estos inevitablemente una serie de factores emocionales como inseguridades, enfermedades que afectan la cotidianidad, desarrolla desesperanza y fatiga sobrevaluada por falta de una visión objetiva.

En la vida del ser humano existen crisis existenciales en todas las etapas del desarrollo. Cualquier crisis produce un cambio en el proceso de acuerdo a la edad y  no está preparado para afrontarlo, afectándole más a unos que a otros, dependiendo de cuáles son las circunstancias por las que está atravesando: duelo, separaciones o enfermedades, entre otras. En  algunos casos se presentan estas crisis llenas de incertidumbres, pero son de forma inconscientes, convirtiéndose en dolencias psicosomáticas.

 La crisis de los cincuenta (un caso)

Un paciente se presentó a mi consulta con un cuadro depresivo combinado con ansiedad, provocado por su próximo cumpleaños número cincuenta. Solamente de pensarlo no podía dormir, estaba mirando fea y poco amable a la esposa, ya ni las hijas le llenaban espiritualmente, su hogar pasó a un segundo plano. El hombre responsable y digno durante las primeras cinco décadas de vida se apagó, convirtiéndose en una persona grosera, vulgar y poco consciente, ausentándose de su casa sin ninguna explicación, volviéndose un hombre frío y confrontativo.

En resumen, además de estos cambios cualitativos de convicción y valores psicosociales, se hizo de una amante de veintisiete años menor, hasta que las hijas lo descubrieron en el Facebook; al comienzo negaba todo, después lo aceptó, manifestando que eso que hacía no tenía importancia.

El sufrimiento de las hijas y de la esposa ha sido terrible, pero luchan agarradas de Dios por fe, esperando que el padre y esposo reflexione y tome las decisiones que más convenga a la familia. De parte de la esposa existen conflictos psicosociales de viejos paradigmas en sus pensamientos, sentimientos y emociones, pero está luchando por su hogar y su familia, ya que las hijas son adolescentes y aman a su padre.

Manifiesta el paciente que su esposa buscó ayuda psicoterapéutica, para ellos dos. Pero él no sabe cómo salir de esa situación, sabe que está haciéndole daño a su familia, que está destruyendo el hogar y su vida.

Estas crisis de los cincuenta, no solamente la pasan los hombres, también las mujeres, antes o después de la menopausia y sienten que la vida no es tan útil para ellas. Experimentan inseguridad, soledad y necesitan ser reafirmados y aceptados, es decir, escuchar frases como,” te ves más joven, mereces algo mejor, me gustan los hombres maduros, entre otros.

Otros buscan sublimarse, es decir, hacer algo para evitar caer en desgracia por la crisis o buscan una huida como forma de escape, ya que no soportan la rutina de la vida y quieren estar donde nadie los conozca ni los cuestionen, algunos se aíslan de la familia buscando nuevas relaciones, agudizando la crisis, convirtiéndose en personas amargadas.

Algunos en cambio, ven una oportunidad para estudiar o realizar algunas actividades académicas para sentirse auto estimulado, aprovechan el tiempo porque no tienen personas (entre ellos hijos) a su cargo.  Otros estudian un idioma, no porque quieren hablarlo, sino como una forma de sentirse ocupado. Esta sublimación, hasta cierto punto, evita que caigan en la depresión o neurosis. Hay quienes buscan reafirmarse y ser admirados para que la gente no los vea como viejos. Por eso prefieren relacionarse con personas más jóvenes. Hacen deporte, bajan la barriga, van a un gimnasio, salen a bailar seguido, se compran cremas, se someten a cirugías estéticas, etc.

Las emociones en la Tercera Edad

La vejez es un proceso fisiológico de todo ser humano, donde se producen cambios físicos, psicológicos y sociales. Es en esta etapa en que el conocimiento ha alcanzado un nivel de maduración de conciencia y razón. El envejecer es un proceso dinámico, gradual, natural e inevitable. Es decir que a partir de los 65 años ya empieza la tercera edad.

Es decir, después de la jubilación la pérdida gradual o circunstancial de amigos y familiares son también factores que inducen a las personas mayores a sentirse mal  psicológicamente por lo tanto el ser humano debe aprender, por su salud mental y bienestar, anticiparse a estas situaciones preparándose emocionalmente para sobrellevarlo mejor y de forma más saludable. Es decir, envejecer con dignidad.

Cuando los padres son mayores, se dan cambios de actitudes,  en los hijos que no favorecen a los adultos viejos; porque les hacen sentir que ya no son capaces de pensar por sí solos, en algunos casos especiales, por salud se puede dar ese tratamiento, por consideración;  pero de ninguna manera querer someterlo como si fueran niños,  por ser adultos mayores, se debe congeniar o ponerse de acuerdo como si están de acuerdo con ellos.

Los cambios en el desarrollo cognoscitivo y emocional a lo largo de toda la vida expresan la diversidad del carácter individual de lo psíquico y el envejecimiento no escapa a esta condición. Cada persona como protagonista de su historia de vida, dispone de recursos con los cuales se auto-dirige y participa en su propio desarrollo; pero el envejecimiento es también una creación y un fenómeno sociocultural.

Este proceso psicológico, sociológico y actitudinal ante la vida, se debe esperar de forma natural y sin prisa, ya que son cambios irreversibles que sufre el organismo de forma natural, comprendiendo y aceptando los nuevos límites de las posibilidades físicas y dedicar el tiempo necesario a cuidar la salud para lograr una mejor calidad de vida.

 

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