Culturales

Breve comentario del cuento “La Ninfa” de Rubén Darío

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El cuento “La Ninfa” de Rubén Darío tiene características del modernismo que a través del lenguaje, nos hace  partícipes de ese mundo exótico y mitológico existente en el cuento. Entre las características del modernismo se encuentran: las evocaciones mitológicas, el cosmopolitismo, exotismo, la expresión poética y el erotismo. Considerando algunos de ellos, el autor nos lleva a un cuento con expresiones poéticas e incluso históricas, ya que utiliza un lenguaje extravagante que nos permite acercarnos a referencias del mundo griego clásico.

Mediante el papel de la ninfa, como evocación mitológica, el título del cuento resalta y nos empuja a intuir de qué se va a tratar. El género del cuento es mitológico y reflexivo, que tiene un hilo de escape del poeta a una imaginación que lo aleja de la realidad. Este cuento tiene un narrador en primera persona, quien es esencial; cabe decir, que este narrador se hace visible al final de la segunda parte, donde pasa de ser un simple espectador a ser el protagonista. Rubén Darío utiliza la técnica impresionista, ya que en el cuento realiza una observación detallada del paisaje; utiliza una adjetivación precisa, que logra resaltar las descripciones del ambiente en el que se desarrolla el cuento.

Es importante anotar un breve argumento del cuento de Rubén Darío. Lesbia es una mujer que ha adquirido un castillo, se encuentra rodeada de seis amigos que discutían la existencia de los seres mitológicos; tales como: los sátiros,  hipocentauros, sirenas, faunos, ninfas. Un sabio que allí se encontraba, afirmaba que los modernos  no podían negar los hechos que eran consolidados por los antiguos. Días después el narrador paseaba por el castillo, oyó un ruido, se acercó y creyó ver una ninfa dentro de un estanque, salió de éste y se marchó corriendo por los rosales. Después estando reunido con los demás amigos y con Lesbia, esta les mencionó que él había visto una ninfa.

MI NINFA

Entre los personajes del cuento están: Lesbia quien es la anfitriona en esta reunión de artistas. En Lesbia se puede observar erotismo, inocencia, simplicidad y deseo. Un sabio, quien es el contrapunto para Lesbia, un hombre obeso, que tiene conocimiento de historias mitológicas. El narrador, quien es el mismo poeta.

Estructuralmente el cuento consta de dos partes.

Primera parte: Presenta a Lesbia como una actriz, caprichosa, endiablada y extravagante, quien ha adquirido un castillo. Se encuentra reunida con seis amigos, quienes también son artistas. En estas primeras líneas, se puede ver el lenguaje erotizado que usa Rubén Darío para describir con destreza las acciones de Lesbia: “se entretenía en chupar como niña golosa, un terrón de azúcar húmedo, blanco entre las yemas sonrosadas”. Luego hace mención a los objetos que se encuentran en el lugar. El ambiente de la narración se da en el interior de un castillo, lleno de lujos, en donde “artistas de buena pasta” mantienen una conversación con entusiasmo y buena comida.

El lenguaje juega un papel importante en el modernismo, en el caso de este cuento, el lenguaje extravagante está presente en diferentes líneas, en esta primera parte se puede ver en: “púrpura borgoña del oro hirviente del champaña, de las líquidas esmeraldas de la menta”, un lenguaje opulento y bello que trata de buscar palabras exactas; pero, cuando se refiere al sabio, hace un contraste entre lo “bello” y lo “feo” ya que lo muestra como “un ser obeso que ostentaba de una pechera inmaculada  y una corbata monstruosa”, este es un detalle que lo repite hasta el final del cuento. En esta primera conversación, existe una oposición de ideas y de creencias, en donde Lesbia, cree en la existencia de seres mitológicos, pero el sabio se siente aludido y menciona: “Los sátiros y los faunos, los hipocentauros y las sirenas, han existido, como las salamandras y el ave Fénix”. El personaje del sabio es una crítica hacia lo científico o lo religioso, maneja con seriedad cada tema que trata, pero, por parte de Lesbia hay una burla y un descontento ante la sarta de palabrerías de este personaje, es por eso que se mofa, se burla y prácticamente se aburre.

En la oposición que se plantea entre el sabio y Lesbia, el sabio argumenta su conocimiento frente a este problema, mencionando personajes como: San Antonio abad, Alberto Magno, Alejandro, San Jerónimo, que los usa como ejemplo de testimonios que narran la existencia de hechos antiguos. El autor, nuevamente utiliza un lenguaje que muestra sensualidad en las acciones de Lesbia: “Lesbia había vuelto a llenar su copa de menta, y humedecía la lengua en el licor verde como lo haría un animal felino”  Rubén Darío, acerca a Lesbia y a Colombine a una acción de animalidad al compararlas, a la primera, con un felino y, a la segunda con un animal: “Y le dio un beso en la boca, mientras el animal se estremecía e inflamaba las naricitas como lleno de voluptuosidad” esta reacción sucede por el beso de su ama.

Segunda parte: El narrador menciona que quisiera ver ninfas, pero reconoce que no existen. Ante esto Lesbia termina sentenciando un tiempo futuro que le dará una demostración de la existencia de las ninfas: “¡las ninfas existen, tú las verás!”.

El ambiente ahora es una zona externa del castillo, Rubén Darío ya no nos narra la conversación de los amigos, sino que,  ocupa el lenguaje para describir minuciosamente la naturaleza, utilizando expresiones poéticas:

“Era un día primaveral […] Los gorriones chillaban sobre las lilas nuevas y atacaban a los escarabajos […] En las rosas, el carmín, el bermellón, la onda penetrante de perfumes dulces; más allá, las violetas, en grandes grupos, con su color apacible y su olor a virgen. Después, los altos árboles, los ramajes tupidos, llenos de mil abejeros […]” (Darío, 2007: 172)

 En esta descripción, el autor pone al lector a la espera de la aparición de la ninfa, ya que va creando una atmósfera exótica en donde estas criaturas mitológicas tienen una conexión con la naturaleza. Antes de llegar al lugar del poeta frente al estanque, los comentarios que realizaba el sabio, lo hacían dudar de que pudiera existir este ser mitológico. Mientras pasea fuera del castillo y logra ver, “entre la inquietud de los cisnes espantados, una ninfa, una verdadera ninfa”, el poeta duda de esa visión, se podrá considerar la idea de que el poeta estaba bebiendo y al salir del castillo bajo esos efectos, esto pudo haber sido una mera ilusión.

Visto que la primera parte el cuento trata de una conversación entre amigos artistas, donde hablan acerca del arte y de seres mitológicos que también son vistos en obras artísticas, y además, el deseo que siente el protagonista por ver una ninfa, en este final, ese deseo augurado por Lesbia, se hace realidad “¡Ah!, yo vi lirios, rosas, nieve, oro; vi un ideal con vida y forma y oí, entre el burbujeo sonoro de la linfa herida, como una risa burlesca y armoniosa que me encendía la sangré” (Darío, 2007: 173)

No se menciona en ningún momento que sea Lesbia la ninfa que se le apareció al poeta, pero si vamos al título del cuento, como lo mencioné anteriormente, tendremos una idea del poder y la seguridad con la que habla Lesbia al poeta, sobre la existencia de las ninfas. “- ¡Té!, como dice Tartarin: ¡el poeta ha visto ninfas!…La contemplaron todos asombrados, y ella me miraba, me miraba como una gata, y se reía como una chicuela a quien se le hiciesen cosquillas” Lesbia sabe que el poeta ha visto una ninfa, pero él no se lo había comentado a nadie, por lo cual: ella es la ninfa. Sin embargo,  antes de la visión de la ninfa,  el autor habla de los cisnes, evocando figuras femeninas: “en el estanque donde hay cisnes blancos como cincelados en alabastro, y otros que tienen la mitad del cuello del color del ébano, como una pierna alba con media negra.”  Luego de preguntarse si lo que estaba viendo es una ninfa, cuando ella desaparece el poeta reacciona y vuelve a mirar a los cisnes: “y quedé yo, poeta lírico, fauno burlado viendo a las grandes aves alabastrinas como mofándose de mí, tendiéndome sus largos cuellos en cuyo extremo brillaba bruñida el ágata de sus picos.”

Las ninfas siguen existiendo porque así lo plasman los artistas, escritores, pintores, escultores, etc., A través del arte crean mundos que son idealizados que forman parte de las tradiciones. En el cuento “La Ninfa” de Rubén Darío, el detalle que utiliza es relevante para percibir el lenguaje utilizado en cuanto a lo erótico, no lo erótico como algo sexual, sino, más bien poético y fantástico.

Bibliografía
Darío, Rubén.  Azul… Cantos de vida y esperanza. Madrid: Cátedra, 2007
Calasso, Roberto. La locura que viene de las ninfas. España: Sexto Piso, 2008
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Categorías:Culturales, Opinión

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