Economicas

Desacelera el crecimiento económico y acelera el endeudamiento público

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El costo de la actual estabilidad macroeconómica de Nicaragua es la desaceleración del crecimiento económico y un mayor endeudamiento público principalmente con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).

El menor crecimiento económico, que Consultores Para el Desarrollo Empresarial (COPADES) estima preliminarmente en 5.5% para 2017 y pronostica en 4.4% para 2018, se explica con la menor disponibilidad de dinero en manos de los consumidores y productores observada desde mayo de 2016, o sea, una política monetaria contractiva que busca proteger las reservas internacionales administradas por el Banco Central de Nicaragua (BCN) debido al desplome de la cooperación petrolera de Venezuela.

Por otra parte, con base en datos del BCN, en 2017 la deuda pública externa por habitante aumentó US$71, hasta US$870, y el saldo adeudado por el sector público a los acreedores externos de US$5,546 millones reflejó un aumento anual de US$504 millones, un incremento nunca visto desde la década de los noventa del siglo pasado en el país. Aunque la deuda pública externa desembolsada está relacionada con obras de infraestructura económica, habría que administrarla eficientemente para que los gobiernos futuros puedan pagarla.

El saldo de la deuda pública externa representa aproximadamente el 39% del Producto Interno Bruto (PIB) y se dispara hasta la frontera del 82% del PIB si se adiciona la deuda privada externa, en la cual figura principalmente el crédito petrolero de Venezuela. Si se adiciona también el saldo de la deuda pública interna, en la cual se incluyen los bonos por indemnización de la propiedad confiscada en la década de los ochenta y los bonos por las quiebras bancarias del bienio 2000-2001 y que tiende a acelerarse por la posición deficitaria del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), el saldo total adeudado por los sectores público y privado sube hasta el 126% del PIB a finales del año pasado.

En un momento en que el crecimiento de la economía global está acelerando hasta alcanzar el 3.9% en 2018 y 2019, según el Fondo Monetario Internacional (FMI) y, además, en que el perfil de la economía de Estados Unidos señala un crecimiento de 2.7% este año y 2.5% el próximo impulsado por los recortes de impuestos, en Nicaragua lo más inquietante es la desaceleración económica.

Nicaragua tiene la necesidad de un mayor crecimiento porque somos bastante pobres. El último dato oficial disponible, que corresponde al de la VI Encuesta de Medición de Nivel de Vida (EMNV) de 2014, muestra que el 62% del total de familias en el país, con todos sus ingresos, no podía adquirir todos los 53 productos de la canasta de consumo básico, cuyo costo es una referencia para determinar el ajuste del salario mínimo legal.

Aunque la inversión, principalmente la extranjera directa, aumentó significativamente en el período 2007-2016, el crecimiento potencial de la producción de bienes y servicios del país, sin duda alguna, es mayor que 4.1%, tal como lo indican las cifras oficiales, debido al bajo nivel de productividad de la economía o de la fuerza laboral. El lento crecimiento y las caídas del volumen de producción anual de bienes o de servicios (PIB Real) por trabajador ocupado, puede atribuirse principalmente al bajo nivel de escolaridad de los nicaragüenses, que apenas es de 6.1 años de estudio en 2014, y por el problema estructural del mercado informal, que se manifiesta en el hecho de que el 76% de los ocupados labora en establecimientos sin registros contables (último dato oficial disponible que corresponde al último trimestre de 2012).

Es fácil concluir que las políticas públicas deben apuntar al mejoramiento de la calidad de la fuerza de trabajo, por ejemplo, (i) pasar de educación primaria a tercer año de educación secundaria y después pasar a la meta del quinto año de educación secundaria, pero mejorando la calidad de la educación e incluyendo a toda la población en edad de estudios primarios y secundarios; (ii) restablecer la educación técnica media y superior; y (iii) mejorar la calidad y la cantidad de la educación universitaria. Esto es una tarea de largo plazo que debió iniciarse hace muchos años.

Aunque el Banco Mundial (BM) nos clasificó como un país de ingreso medio bajo porque nuestro ingreso nacional bruto por habitante está entre US$1,026 y US$4,035, en un país pobre la aceleración del crecimiento económico se da por la vía de la inversión real (en construcción y maquinaria y equipo). El menor crecimiento de la economía del país también puede explicarse con la desaceleración del crecimiento de la inversión.

La confianza en la inversión financiera también se ha perturbado desde septiembre de 2016 con el proceso de aprobación de la NICA Act en el Congreso de Estados Unidos, y desde diciembre de 2017 con la aplicación de la ley estadounidense Global Magnitsky por primera vez a un nicaragüense, el presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE), Roberto Rivas.

Por ejemplo, en 2017 más del 80% del monto colocado en Letras subastadas por el BCN fue a plazos de 7 días, 15 días y 1 mes, y menos del 20% del mismo monto a 3, 6, 9 y 12 meses. Más aún, a partir de enero de 2018 el BCN ha comenzado a subastar Letras con plazo de 1 día y ha colocado y redimido C$8,129 millones al 25 de enero, siempre con los objetivos de contraer el monto de córdobas que circula en el mercado, reducir la demanda de importaciones de los agentes económicos y proteger la posición de las reservas internacionales. Todavía no se ha encontrado el sustituto de Venezuela.

El restablecimiento de una sólida confianza inversionista real y financiera del sector privado es crucial para acelerar el crecimiento económico de Nicaragua, por lo cual las políticas públicas deberían fortalecer el estado de derecho, combatir la corrupción, proteger los derechos humanos, garantizar la independencia de los Poderes del Estado, mejorar la transparencia electoral, y robustecer el imperio de la Ley, la certeza y la seguridad jurídica, y el carácter normativo y regulador de las instituciones públicas.

Lo que se necesita es elevar la inversión y el crecimiento económico que ha sido importante pero insuficiente para reducir los problemas del subempleo, desempleo, la pobreza y la inequidad de la distribución del ingreso. Debemos aprovechar el crecimiento de la economía estadounidense y del mundo para promover la inversión, realizar las reformas para incrementar la productividad y alentar el esfuerzo emprendedor y la competencia.

Sin prestar atención a críticas politizadas y evitando los imperativos políticos, las decisiones gubernamentales deben fundamentarse en lo que creamos sea mejor para la economía, siempre que se tenga acceso a la información pública y confianza en la evolución de los datos. Hablando se entiende la gente, dice el refrán popular, por lo cual es necesario hablar, comunicar y debatir, que es la esencia de la convivencia pacífica.

por: Nestor Avendaño

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