Culturales

NIETZSCHE, PLATÓN Y LA POESÍA

Por: ISABEL MACÍAS GALEAS

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Para mostrar el rumbo, las características y las metamorfosis del papel de la poesía y la literatura; desde su condena por parte de Platón, hasta su rehabilitación por Nietzsche, es importante identificar a qué tipo de poesía se dirige Platón en su crítica. Por su parte, Platón encuentra la llamativa tensión entre poesía, educación y razón; mientras que, Nietzsche, en su texto Así hablaba Zaratustra, manifiesta que el poeta experimenta dulces emociones. Esto se debe a que muchas veces el poeta no sabe que es capaz de crear e instaurar, desde su subconsciente, una naturaleza divina que lo empuje al juego que nace de su ser, para construir poesía con el lenguaje.

Platón, en su texto la República, trata de descifrar si acaso la poesía sirve para llegar al conocimiento verdadero o si el conocimiento se adquiere a través de la imitación. La poesía era reconocida no solamente por ser dulce o imaginativa, sino por el conocimiento que pretendía demostrar, además, Platón condena a la poesía por ser un texto ético que cumplía un papel social, por tanto, los poetas se articulaban dentro de la moral pretendiendo ser educadores, algo en lo que Platón no estaba de acuerdo, ya que Platón cuestiona el conocimiento del poeta, porque es un conocimiento alejado de la verdad.

Para Platón los jóvenes se hallan en una época en que se dejan moldear fácilmente. A través de su libro la República, empieza a condenar a la poesía refiriéndose a los mitos: “Debemos vigilar y rechazar a aquellos forjadores de mitos que pretenden moldear las almas.”[1] El arte no puede adjudicarse el trabajo de moldear el alma, por lo tanto, nos encontramos frente a una separación de la poesía frente a la filosofía. Para este autor, la poesía tiene una capacidad “dañina”. Pretendiendo este concepto, Platón busca que sea solo la filosofía la responsable de moldear el conocimiento a través de la belleza del lenguaje; de la manifestación de la razón y la exposición de las ideas. Pero, ¿por qué dañina? Para Platón, la poesía no conoce sobre lo que habla, ya que no despierta lo racional del individuo, solamente muestra “que con palabras, se dan falsas narraciones; mentiras indecorosas y meras imitaciones.”[2]

Esta explicación platónica nace del tema de la veracidad de los relatos, ya que para tener una formación espiritual, se debe dejar a un lado la mentira porque corrompe al ser humano al engañarlo sobre la naturaleza de las cosas. Es por esto que se refiere directamente a Homero y Hesíodo, en donde tergiversan lo divino. Dan falsas imágenes sobre los dioses tal como lo hace el carpintero con los muebles.

Entre las características de la poesía está el hecho de que la escritura es escrita en verso, el uso de metáforas predomina al igual que el empleo de figuras míticas y religiosas.  Deleuze en su libro Nietzsche y la Filosofía dice que: “para Nietzsche nunca un juego de imágenes ha reemplazado un juego más profundo, el de los conceptos y el del pensamiento filosófico”

Antes de Platón no había un Nietzsche. “Hoy en día Platón sólo podría admitir, a lo sumo, la poesía mística como uno de los pocos géneros plausibles. Las obras individuales y personales no serían bienvenidas a menos que el artista refleje una visión de lo eterno y divino”[3] Los jóvenes en esa época solo se interesaban en el disfrute, y se sentían atraídos por todo aquello que les producía placer; siendo lo menos inmediato: el pensamiento y la filosofía; y lo más cercano: la poesía y el arte. Esto producía un regocijo debido a la contemplación, el cual es más superficial que el de la indagación y la búsqueda del conocimiento.

Para Platón, la verdad, la muestra de lo real y lo puro es aquello a lo que llamamos supremo, en donde el arte es simplemente una copia; en cambio, para Nietzsche el arte es “la auténtica actividad metafísica.”[4] Con este concepto, sobre el arte como actividad metafísica, se empieza a plantear el problema de la verdad y, sobre todo, a cuestionar el valor de la misma, no desde la visión de un filósofo, sino más bien, de un artista. “Para Platón, el devenir es en sí mismo un devenir ilimitado, un devenir loco, un devenir híbrido y culpable, que, para que adopte un movimiento circular debe sufrir la acción de un demiurgo que le doblegue por la fuerza”[5] La metafísica en Platón, vendría a ser una paralización de la realidad del ser; en cambio, la razón en Nietzsche paraliza el devenir, el crear.

La creación juega un papel importante ya que quien crea está inmerso en lo nublado, y lo que busca el creador es esclarecer y develar ese misterio que podría ser real. Eso es lo que hace la literatura, revelar, al igual que el papel del filósofo o del poeta; alcanzar la verdad pero de distintas formas. El único medio que tiene la literatura y la filosofía para indagar en la verdad, es el lenguaje por medio de la palabra. “la filosofía es literatura del conocimiento”[6] está inmersa en la escritura, por lo tanto la literatura se rehabitaliza. “Escribir también es devenir otra cosa que escritor.”[7]

Para empezar a crear a través del devenir, debemos pensar en la inversión del platonismo. La filosofía occidental ha relegado el devenir, y ya que Platón condenó a los poetas y a la poesía, el Nietzsche de Deleuze nos incita a crear.

En el tema de la inversión del platonismo, Deleuze muestra el juego entre la copia y la idea; para Platón, la idea y la copia están meramente relacionadas con la forma de preguntar. “La idea es en principio un “objeto” que, como tal, corresponde a una forma de plantear preguntas. Responde a la apelación de ciertas preguntas. En el platonismo, la pregunta por la Idea se determina bajo la forma ¿Qué es…? (…)”[8]

La idea para Platón, no es el concepto de “objeto”, es la representación por medio de una imagen. Por otra parte, Deleuze menciona que “…La Idea, así definida, no dispone de ninguna actualidad. Es virtualidad pura.”[9] Si con Platón la Idea es virtual, por ejemplo: “solo la justicia es justa”, entonces, encontramos que hay una mayor aceptación del original frente la imagen. Es decir, que esta diferencia se toma como dos similitudes, ya que para Platón “el mundo de las imágenes no es otro que el mundo de la imitación.” Todo lo que tiene que ver con el arte tiene que ver con la imitación.

“El arte de imitar comprende dos especies: el arte de copiar, que reproduce exactamente las proporciones del modelo; y el arte de la fantasmagoría, que le modifica según la distancia y la perspectiva para agradar a la vista por medio de una engañosa semejanza.”[10] Este arte de imitar, en primer lugar consiste en copiar fielmente lo que se quiere producir; y en segundo lugar, el arte produce simulacros, es decir, imágenes desfiguradas que crean ilusiones.  “Derrocar el platonismo significa lo siguiente: negar la primacía de un original sobre la copia, glorificar el reino de los simulacros”[11] El simulacro es  una semejanza de imitación con respecto a su único modelo que es la copia.

Ahora bien, la poesía, y el arte, generalmente, adquieren su territorio en contraste con la verdad. Si la verdad había sido el concepto al alrededor del cual giraba el pensamiento y, quizás, la vida, lo que plantea Nietzsche consiste ante todo en desarticular la verdad, en revelar falsedad interior, y de esta manera, se pondrá en su lugar, al arte. Nietzsche habla de su filosofía como de una intrínseca inversión del platonismo, para él el arte será, como dice en el prólogo de El Nacimiento de la Tragedia, “la auténtica actividad metafísica”.

Derrida menciona que “los simulacros: lo que pretenden, el objeto, la cualidad, etc., lo pretenden por debajo, a favor de una agresión, de una insinuación, de una subversión, “contra el padre” y sin pasar por la Idea”[12] Aquí se manifiesta la relación entre escritura y logos.[13] Lo que hace Derrida es mostrar al padre del logos y pretende exponer a la escritura como un simulacro; algo que amenaza y engaña. La metafísica de la presencia lo que busca es fijar un origen o un creador que es identificado con la figura paterna.

Me permito mencionar a Barthes[14] en donde menciona que existen varios “yo”: autor, lector, escritor. Antes de la muerte del autor, Barthes anuncia estas pérdidas de la voz y del origen al comienzo de su texto, que son inherentes a  la escritura, y lo que hace es apartar la escritura de la vida del autor; de la misma manera, la escritura de la obra. De esta forma, Barthes destruye al autor al mismo momento que construye al lector.

“El autor no es nunca más que el que escribe del mismo modo que el yo no es otro que el yo que dice yo”[15]; esta idea admite que el autor en su totalidad es dueño de la obra y el texto es aquello a lo que el autor quiso darle significado. Hay que poner esto en relación con la metafísica de la presencia, es decir, con la idea de buscar un origen.

La poesía es un lenguaje que busca comunicar, lo que nos lleva a conocer y objetivar el mundo. Ese conocimiento se da por medio de la sensibilidad. Podemos, pues, pensar y comprender la poesía con cierta objetividad crítica. El deleite estético que causa la lectura de una obra poética, de por sí muestra la riqueza de la libertad de creación en su forma, contenido,  lenguaje, simbolismo, resonancias, simetrías e ideas; aquello inefable que nos habla a través del texto.

Bibliografía

[1] Platón, La República. Traducción por Manuel Fernández. Texto PDF. Pág. 61 Acceso el 19 de diciembre de 2017. https://goo.gl/Pgy4RF

[2] Ibídem

[3] Cañas, Quiroz Roberto. La poesía en Platón. (Costa Rica: Escuela de Estudios Generales Universidad de Costa Rica) https://goo.gl/AXKWgP

[4]Nietzsche, Frederick. El nacimiento de la tragedia. Acceso el 4 de enero de 2018

[5] Deleuze, Gilles. Nietzsche y la Filosofía Barcelona: Anagrama. 6ta edición. pág. 45.

[6] Trias, Eugenio. La filosofía y su poética. En Archipiélago  N°50 , 2002 pag.41

[7] Deleuze Gilles. Crítica y clínica. Barcelona: Anagrama: 1996. Pág. 13

[8] Deleuze, Gilles. La isla desierta y otros textos. España: Pre-textos, 2005.pág. 127-154

[9] Deleuze, Gilles. Diferencia y repetición. Buenos Aires: Amorrortu, 2002 Pág. 411

[10] Platón. Obras completas, Diálogos: el Sofista, Parménides, Menon, Crátilo. Madrid: Medina y Navarro Editores 1871. Pág. 14. Acceso el  de 28 de diciembre de 2017 https://goo.gl/9cXBnP

[11] Deleuze, Gilles. Diferencia y repetición. Buenos Aires: Amorrortu, 2002 Pág. 115

[12] Deleuze, Gilles. Lógica del sentido. Barcelona: Paidós, 1989. Pág. 258

[13] Derrida, Jacques. La Farmacia de Platón. Madrid: Fundamentos, 1975. Pág. 112

[14] Barthes, Roland “La muerte del autor”, en El susurro del lenguaje, Barcelona, Paidós, 1987, págs. 65

[15] Ibídem

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