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La obra de D10S

por: @rafamedrano23

 

 

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Hasta el escéptico más radical reconoce la divinidad de Lionel Messi. El futbolista argentino es determinante incluso cuando camina, pareciera que los rivales van a otra velocidad y él –siempre él —pasa de ellos con completa serenidad. Ante el Chelsea dio un recital más, mostró su obra desde el pináculo donde está colocada. El Barcelona le debe mucho al planteamiento de Valverde, al compromiso de Iniesta y Suárez, al gran nivel de Ter Stegen, a lo bien que están los jugadores que cuentan con un papel segundario y, sin duda alguna, a la habilidad artística del 10 argentino.

El Chelsea salió a ganar. Así de sencillo es escribirlo, pero el equipo inglés pudo ver lo imposible que era llevarlo a cabo. Sin embargo, con todo y la localía Azulgrana, los “Blue’s” llevaron peligro a la meta de Ter Stegen.

Luego el Barcelona se empezó a sentir cómodo. Messi jugaba entre líneas, Suárez peleaba con los tres centrales del Chelsea y Dembélé daba sus primeros pasos de confianza. Y de pronto, en un instante –que fue eso: un instante —Messi se inventó una pared con Dembélé que fue ensuciada por la zaga londinense, Suárez limpió la jugada con un sutil toque dejando mano a mano a Messi. El resto es lo habitual: cabeza arriba del argentino, definición rasante. El Barcelona se ponía arriba en el marcador.

El Chelsea dio señales de resurgir, lo necesitaban y pareció que el gol no sería un duro golpe. William seguía siendo el más peligroso, danzando sobre el césped del Camp Nou. Sólo fueron señales. Cuando mejor estaba el Chelsea, el Barcelona volvió a golpear. Messi le sacó la pelota a Fábregas y arrancó como un bólido, el argentino desparramó a dos jugadores de la zaga y cuando pareció abrírsele el camino al segundo gol, dio el pase al costado para que Dembélé gritara “Aquí estoy”. Messi hundía al Chelsea.

El primer tiempo terminó de cara a la clasificación azulgrana, y en el inicio del segundo el Chelsea intentó salir del naufragio. No funcionó. Los “Blue’s” tuvieron sus oportunidades, incluso un balón al larguero después de un tiro libre de Alonso. El Chelsea se diluyó y terminó secándose. Pero, como lo bautizó su compatriota Hernán Casciari, Messi muta a perro. El crack argentino enfocó el balón luego del pase de Suárez, se encaminó con la esférica bien atada al pie –la pelota y el botín de Messi haciendo el amor –, evitó un guadañazo y cruzó entre las piernas de Courtois. Entonces la pelota se regodeó jadeando en el fondo de la red, todo había quedado escrito por la pluma de Messi.

El Barcelona espera rival para los cuartos de final de la Liga de Campeones de Europa. Los demás equipos esperan no ser parte de la obra de Messi o al menos poder distanciarse un poco. Esta temporada pinta azulgrana, pinta ser de él… pinta ser de Messi.

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