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Y el Ejército, ¿qué?

Por Edmundo Jarquín

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Hace varias semanas escribí un tuit en que sostenía que si el Ejército apoya la solución pacífica de la crisis, como lo ha sostenido en comunicados públicos su Comandancia (léase, Consejo Militar), debía desarmar a las bandas paramilitares. Lo mismo hice esta semana.

La primera vez que escribí, prácticamente no recibí ningún comentario negativo. Esa reacción tan positiva era alentada por el comunicado del Ejército en que daba a entender que no reprimiría.

En cambio, esta semana quedé sorprendido por la cantidad de comentarios negativos, seguramente ante la sangrienta escalada de la represión. Esta es una señal inequívoca que el Ejército ha perdido estima ciudadana y legitimidad política, al no desarmar a esas bandas paramilitares.

En varias ocasiones he defendido el proceso de institucionalización del Ejército. El 18 de diciembre de 2014 publiqué en La Prensa y comenté en Radio Corporación, un artículo titulado “Conversación sobre el ejército”, en que relataba una plática  sostenida con el diplomático estadounidense Luigi R. Einaudi, enviado del entonces Secretario General de la OEA para distensionar relaciones entre Honduras y Nicaragua, que habían escalado peligrosamente en 1999 por el Tratado Colombia-Honduras de delimitación marítima. Einaudi era crítico, como su gobierno (Clinton era presidente), de la ley de organización militar de 1994, y creo haberle convencido que esa ley garantizaba el monopolio de la fuerza que, por primera vez en nuestra historia, había pasado a ser monopolio del Estado a través de la ley.

Ese monopolio se está perdiendo. En todos los casos exitosos de transición democrática a través de resistencia cívica (Ucrania, Chile, Sudáfrica, entre otros), no han existido bandas paramilitares. La alternativa a la resistencia cívica es el conflicto armado, y no creo nuestro ejército lo desee.

En su primer comunicado, el Ejército señala que “No podemos perder nuestra estabilidad y nuestra paz”. Ya la hemos perdido, por el encadenamiento inicial represión-protesta, que ha conducido a más represión-más protesta-más represión.

En ese comunicado el Ejército señala que “el diálogo es la mejor ruta que le conviene a nuestro pueblo”, y lo reitera en su comunicado del 12 de mayo.

Desarmar a las bandas paramilitares sería la mejor contribución del Ejército a una solución pacífica de la crisis, a través del diálogo, al menos por tres razones:

Primero, recuperaría el monopolio de la fuerza, en grave riesgo que se entronice en el país, aún después de solucionada la crisis. Esas bandas amenazan, incluso, en convertirse a “mano blanca”.

Segundo, trasmitiría una señal inequívoca a la Policía Nacional, cuyo deterioro institucional es un costo difícil de reparar, pero no imposible.

Tercero, flexibilizaría la posición del gobierno y de todos los actores, para encontrar esa esquiva, pero tampoco imposible solución pacífica, que ya no lo es, ciertamente, por el número de víctimas.

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