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Analizando Progreso, El “Milagro de Chile”

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Chile solía tener un gobierno autoritario y un mercado de bajo rendimiento. Luego de un proceso democrático en 1990 y un cambio drástico en las políticas macroeconómicas, Chile comenzó a sorprender al mundo con sus resultados ubicándolo entre los países de mayor crecimiento. Chile muestra cómo un buen gobierno requiere una agenda equilibrada que refuerce simultáneamente estas tres esferas: políticas, instituciones y consenso. ¿Qué políticas, aplicadas, traen los eventos más relevantes de la gobernanza económica? ¿Cuáles son las conclusiones y recomendaciones de esta experiencia?

La economía chilena ha sorprendido con sus buenos resultados. Si bien el crecimiento alcanzó un promedio del 6% entre 1985 y 2004, la pobreza pasó del 45% de la población en 1987 al 18% en 2003.

En 1990 se dio los primeros pasos. Consolidar la estabilidad y ganar credibilidad. Diálogo entre las nuevas autoridades y el sector privado, acuerdos entre el gobierno y las organizaciones de trabajadores y empleadores y el acuerdo marco tripartito entre el gobierno, los representantes de los trabajadores sindicalizados y los empleadores.

Además de la austeridad de una política fiscal, el Banco Central comenzó un esfuerzo sistemático para controlar la inflación endémica en Chile. La política monetaria reaccionó con un fuerte aumento en la tasa de interés. Dado que la estabilidad de precios era la prioridad de la política monetaria, se aplicó un ajuste a los flujos de capital para evitar una apreciación excesiva.

Un paso muy importante en esta etapa es la reducción unilateral y uniforme de los aranceles en 1991. Los aranceles de importación se redujeron del 15% al 11% en 1991 y luego se aprobó una reducción gradual adicional al 6% entre 1999 y 2003. Desde 1990, Chile ha firmado acuerdos de libre comercio con países que representan alrededor del 65% de los destinos de sus exportaciones.

Otra iniciativa importante en los primeros años de la década de 1990 fue el aumento en el gasto social. El aumento de estos gastos provino de la reforma tributaria de 1990. Entre 1990 y 1997, el gasto social aumentó alrededor del 75%. A mediados de la década de 1990, la sociedad comenzó a generar un exceso de confianza en la capacidad de crecimiento de la economía y una subestimación de las dificultades del proceso de reforma o incluso se olvida que las economías se mueven en ciclos.

En 1996-97, hay signos de deficiencias en el marco de política macroeconómica. El déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos aumentó de un promedio del 3% del PIB entre 1990 y 1995 a un promedio de alrededor del 4,5% del PIB en 1996 y 1997. La reacción del gobierno de coalición a los resultados de las elecciones parlamentarias de diciembre de 1997 resultó ser un punto de ruptura que mostró las dificultades que existían en el área de las decisiones políticas. Se tradujo en reducciones de las exportaciones, en la caída del PIB a 0,9 % en 1999 y aumento del desempleo a tasas del 10 %.

La principal consecuencia del exceso de confianza y el debilitamiento del consenso fue el divorcio entre las excelentes figuras económicas y el entorno político. Esta situación conduce a la fragmentación en el proceso de decisión política, que generalmente conduce a políticas de menor calidad. Esto significa demoras en las reformas, compensación excesiva a grupos de presión, intolerancia a los costos de las reformas, y medidas enfocadas a corto plazo.

El segundo efecto negativo se produjo en 1998 cuando el contagio de la crisis asiática se extendió al resto de las economías emergentes. La caída de los términos de intercambio y la contracción de los flujos de capital se hizo evidente. Hacia fines de 1997, la demanda interna se encontraba en un ciclo de fuerte expansión.

Chile supo que siempre y cuando sus actores políticos se encontraran desintegrados no iba a tener la suficiente fortaleza para enfrentar los obstáculos económicos. Chile consiguió un nuevo consenso, no solo entre los actores tradicionales sino la incorporación de nuevos actores en la elaboración y discusión de políticas como organizaciones empresariales y centros académicos. Para que juntos como un solo país con un mismo objetivo trabajaran en función de vencer las dificultades económicas.

Tres aspectos se destacaron en la nueva agenda de reformas. Primero, renovar la estrategia de estrategia macroeconómica. En segundo lugar, debido a la iniciativa de las organizaciones empresariales, las reformas microeconómicas volvieron al centro de la agenda. En tercer lugar, una gran reforma del estado fue posible después de un amplio acuerdo con la oposición. Cada uno de estos logros salvó la fragmentación que amenazaba el entorno de las decisiones políticas. Todo ello permitió que Chile vuelva a la senda crecimiento.

¿Qué podemos aprender del milagro de económico de Chile?

El alto grado de consenso en la primera parte de los años 90 fue especialmente relevante. Sin embargo, desde mediados de 1997, ha habido una mayor fragmentación de las decisiones y un deterioro del consenso que dejó el debilitamiento del tejido institucional. Esto redujo el margen de maniobra de las decisiones políticas frente a eventos complejos, como la crisis asiática y la respuesta al aumento en la abstención electoral de 1997.

La clave muestra que se trata de fortalecer la credibilidad en los mercados, de modo que las decisiones privadas actúen en la misma dirección que los objetivos de las políticas macroeconómicas.

En general, la gobernanza económica se basa en buenas políticas, un consenso razonable en el proceso de decisiones políticas y una sólida capacidad institucional. Estos elementos se refuerzan mutuamente y crean un círculo virtuoso de nueva gobernanza y crecimiento.

Una buena gobernanza requiere una agenda equilibrada que refuerce simultáneamente estas tres esferas: políticas, instituciones y consenso. La efectividad de cada uno de estos factores depende del comportamiento de los demás.

Concebir la violencia como motivador de progreso solo grita titánicamente la incapacidad de los actores de ejercer autoridad.  La oposición, sociedad civil, empresa privada y gobierno necesitan asimilar que mediante el consenso entre todos los actores se puede alcanzar la paz social y crear estrategias económicas lo suficientemente sólidas.

Renan Guevara

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