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La crisis y la sensibilidad del tipo de cambio

Nestor avendaño

Han aparecido los rumores de que el córdoba se devaluará pronto, después de que Fitch Ratings degradara a Nicaragua de B a B- con perspectiva negativa en su informe del 27 de noviembre de este año. Fitch nos mantiene encasillado en un riesgo de incumplimiento muy elevado, pero nos deja a un peldaño de pasar al riesgo de incumplimiento inminente. Entre las sensibilidades de la calificación B-, Fitch declara que un evento que podría resultar de la perspectiva negativa es una reducción de la liquidez externa que force un ajuste desordenado al régimen de tipo de cambio.

Desde mayo de 2016, debido al desplome del crédito petrolero venezolano en el mapa de la cooperación externa para Nicaragua, el Banco Central de Nicaragua (BCN) emprendió una severa restricción de la oferta de dinero (córdobas sin mantenimiento de valor) mediante las subastas de Letras, la emisión de Letras a 1 día pagaderas en córdobas, y el aumento de la tasa de encaje efectiva sobre los depósitos en moneda local que ya ha oscilado alrededor del 30%, mientras que la tasa de encaje legal es 15% semanal.

Sobre la base de los datos del BCN con el retardo de un mes, esa restricción monetaria se tensó aún más con la crisis política del 18 de abril, de tal manera que entre el 1 de abril y el 31 de octubre del año en curso dicha oferta de dinero se redujo en C$11,086 millones, equivalentes a 2.6% del Producto Interno Bruto (PIB) pronosticado por Consultores Para el Desarrollo Empresarial (COPADES) para este año. Esta medida monetaria tiene por supuesto un costo, que es el de una mayor desaceleracion de la tasa de crecimiento económico o, más realista para el momento actual, el de una mayor aceleración de la tasa de caída de la producción de bienes y servicios.

Por consiguiente, se puede descartar por el momento que una devaluación podría ser un resultado de una emisión inorgánica de dinero, o sea, una emisión de córdobas que no tenga respaldo en las reservas internacionales administradas por la autoridad monetaria. En el corto plazo, el único riesgo para que se observe una creciente liquidez en córdobas (sin mantenimiento de valor) es que el sector público no financiero, principalmente el gobierno central, continúe realizando más desembolsos de sus depósitos en el BCN, porque no ha podido colocar una mayor emisión de  Bonos de la República para financiar el déficit fiscal reformado. Al 31 de octubre, el sector público ha reducido sus depósitos en el BCN en C$1,631 millones.

Fitch tampoco menciona el hecho de que ya se ha registrado una devaluación de facto en la venta del dólar de las entidades financieras al público no bancario. Por ejemplo, al 30 de noviembre recién pasado la brecha entre el tipo de cambio de venta del dólar al público no bancario y el tipo de cambio oficial osciló entre 2.15% y 2.25% en los siete bancos comerciales privados radicados en el país, por lo cual ya se se puede prever el riesgo de la presencia de tipos de cambio múltiples que tendría efectos negativos sobre la inversión, principalmente la extranjera directa.

No obstante la preocupación de la población por una devaluación del córdoba, hay que tomar en cuenta la advertencia de Fitch de que en una economía muy dolarizada extraoficialmente la iliquidez de dólares podría “forzar un ajuste desordenado al régimen de tipo de cambio” y, consecuentemente, deteriorar al córdoba (sin mantenimiento de valor).

Al 31 de octubre, el saldo de las reservas internacionales brutas administradas por el BCN sumaba US$2,260 millones; de ese monto, sólo US$1,155 millones corresponden al esfuerzo gubernamental para fortalecer la posición de dichas reservas, el cual es conocido como reservas internacionales netas ajustadas (RINA). El resto, US$1,105 millones, pertenece al público no bancario (depositantes e inversionistas financieros, en concepto de encaje, garantía de depósitos y títulos valores emitidos y pagaderos en dólares) y a las instituciones financieras internacionales que han facilitado préstamos para apoyo a la balanza de pagos, tales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y, más recientemente, el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).

Después de que los depósitos en moneda extranjera disminuyeron US$1,053 millones entre el 12 de abril, fecha en que se registró su máximo en este año, y el 31 de octubre, las entidades financieras aún registran un saldo de dichos depósitos por US$3,065 millones. Las entidades bancarias han podido afrontar la fuga de dichos depósitos con la venta de US$788 millones realizada por el BCN en la mesa de cambios entre abril y octubre, lo cual contribuyó a que las reservas internacionales disminuyeran US$710 millones en ese mismo período. En este punto, cabe reiterar que la estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor ha sido posible gracias a la contracción de la oferta de dinero antes mencionada.

Pero las reservas internacionales tienen un límite para ser vendidas a las entidades bancarias. No olvidemos que un buen banquero central tiene que realizar las previsiones del pago de la deuda externa para evitar que el país caiga en mora con los acreedores externos, así como garantizar la intermediación de divisas de la banca comercial para la realización de las transacciones comerciales del país con el exterior.

Afortunadamente, la caída promedio diaria de los depósitos en moneda extranjera  desaceleró grandemente hasta US$3.6 millones en octubre y en este otro punto también cabe reiterar el consejo que ofrecí a la población en junio -cuando se registró una caída promedio de US$13.1 millones- de que no continuaran sacando sus depósitos de los bancos por el riesgo de que la iliquidez de dólares nos condujera a un colapso del sistema financiero nacional y a una espiral devaluación-inflación-devaluación, lo que Fitch ha llamado “un ajuste desordenado al régimen de tipo de cambio”.

Y esa espiral devaluación-inflación-devaluación ocurriría cuando la demanda de dólares se concentre en el mercado negro, es decir, cuando no haya posibilidad de que el BCN continúe vendiendo dólares a las entidades bancarias. La autoridad monetaria no puede devaluar el córdoba por la presencia de la cláusula de mantenimiento del valor y la proliferación de mecanismos de formación de precios en córdobas con el tipo de cambio. Eliminar esa cláusula y esos mecanismos en tiempos de crisis sería un craso error.

Muchas personas me han dicho que aceptaron mi consejo en junio, pero han agregado que también les diga cuándo deben ir a sacar sus depósitos de los bancos. Siempre les reitero que no lo saquen para evitar más graves problemas en el mercado monetario y financiero, para evitar el deterioro del córdoba.

Sin embargo, cabe preguntarnos cómo podríamos contener el actual nivel de la desconfianza entre los agentes económicos -consumidores, productores, inversionistas y gobierno- e iniciar el proceso de restablecimiento de la confianza que se tenía antes del 18 de abril. Creo que es posible si se reanudara el diálogo o la negociación política, la única vía civilizada para que los nicaragüenses resolvamos nuestros problemas. Evitemos que el entorno económico y social de la nación continúe deteriorándose

copades

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