Opinión

¿Huir del Sufrimiento o Buscar la Felicidad? ¿Es la Felicidad la Recompensa del Sufrimiento? Dharma, para poner Fin al Sufrimiento y Alcanzar la Felicidad

 Las enseñanzas del budismo y el hinduismo ofrecen muchas ideas sobre la psicología del crecimiento personal. Estas tradiciones destacan nuestros temores compartidos como seres humanos y ofrecen estrategias para alcanzar el bienestar interior.

El Dharma es la ley de Buda y sus enseñanzas se transforman en propósito, en principios que deben llevarse a cabo con dignidad. Como humanos, estamos “envueltos” en cuerpos físicos para aprender y acercarnos más a esa parte espiritual de nosotros mismos que, en realidad, es nuestra verdadera naturaleza.

El Dharma siempre está representado en forma de rueda. Esto, supuestamente, es la forma en que Buda impartió sus leyes al mundo, y que luego se convirtieron en las diferentes escuelas que tenemos hoy que siguen sus principios y su religión. Esta rueda, a su vez, simboliza ese momento vital de muerte y renacimiento, un ciclo continuo de principio a fin, una rueda a través de la cual se dispersan las enseñanzas de Buda, se vuelve clara, y donde la humanidad tiene la oportunidad de recibir estos principios para abrir la mente y avanzar.

El Dharma nos ofrece cuatro nobles verdades:

La primera es el dukkha, el sufrimiento e insatisfacción. Uno de los sentimientos más comunes que se experimentan, un constante vacío, miedo y dolor. La felicidad es relativamente escasa y está siempre en nuestros sueños, pero raramente lo que obtenemos en la vida. Dentro de las sensaciones mas comunes como personas se encuentra esos vacios donde guardamos miedos, dolores y cualquier tipo de crisis existencial. Todos nosotros sufrimos hasta cierto punto: tenemos algún malestar dentro de nuestro cuerpo. Tenemos que reconocerlo e identificarlo, reconocer la presencia del malestar y tocarlo. Este sufrimiento se encuentra explicado en la segunda verdad.

La segunda es,  samudaya. Por lo general, establecemos algún tipo de apego insano a todo lo que nos rodea. Según las enseñanzas del Dharma, nosotros, como personas, anhelamos y nos aferramos a los bienes materiales e incluso a otras personas, reforzando nuestro propio egoísmo y nuestras vulnerabilidades. Estos apegos excesivos generan pasiones dolorosas, se vuelven venenosas, nos debilitan y nos enferman. Nos aferramos a cosas temporales y luego nos lastimamos cuando las perdemos.

Entender origen del malestar cómo se originó nuestro mal, sus raíces. Sufrimos y reconocemos que el sufrimiento está ahí, y luego se mira profundamente para ver sus orígenes. Sin tocar primero el malestar, no hay forma de que podamos analizarlo profundamente y entender la segunda verdad noble de la originación. “Esto es porque eso es. Esto no es, porque no lo es ”.

La tercera es nirodha. En la enseñanza budista, los humanos son seres espirituales con un propósito, elevarnos a través de nuestra sabiduría, a través de la humildad y la búsqueda de la verdad, y liberarnos de esas posesiones materiales mientras, a su vez, aprendemos de los errores que hemos cometido. Hasta que esto ocurra, la rueda del Dharma nunca deja de girar. Tendremos infinitas oportunidades para corregir nuestras faltas y sanar ese sufrimiento, ese dolor crucial. Para liberar nuestro ser espiritual, debemos liberarnos de nuestros apegos materiales y, a su vez, comprender que cada acción tiene un efecto y una consecuencia.

La cuarta y noble verdad es el camino, magga. Vistas correctas, pensamiento correcto, discurso correcto, acción correcta, medios de vida correctos, esfuerzo correcto, atención correcta y concentración correcta. Así como la segunda verdad noble es el origen del malestar, la cuarta verdad noble es el origen del bienestar.  Nos alienta a ser conscientes de nosotros mismos y a encontrar un propósito en esta vida, un “propósito noble”, algo que enriquece nuestra vida y la vida de los demás.

Para que eso suceda, nunca se debe fijar en la obsesión ciega de “poseer personas u objetos”. Esta verdad final nos explica que para alcanzar este acto de curación interna, debemos aplicar las prácticas. Buda dijo: “En el momento en que entendemos la naturaleza de tu malestar, en el momento en que sabes cómo ha llegado a ser tu malestar, ya estás en el camino de la liberación”.

Hay un camino que conduce al malestar y también hay un camino que conduce al bienestar. Si hay bienestar, si hay felicidad, si puede sonreír y disfrutar del aquí y el ahora, debe haber causas para su bienestar, para el origen de su bienestar. La cuarta noble verdad, el camino que conduce al bienestar es llamado por Buda el Noble Camino Óctuple. Este camino conduce a la cesación del malestar y a la presencia del bienestar. Se tiene que penetrar en la naturaleza de interconexión de los siguientes ocho elementos. Cada elemento contiene los otros siete. No podemos entender uno si no entendemos también los ocho:

  1. Una correcta comprensión de las cosas y de uno mismo.
  2. Una mentalidad correcta que nos ayude a ver la realidad sin falsedades.
  3. También es necesario usar las palabras correctas; los que no causan daño, y los que ofrecen paz, equilibrio y amor.
  4. Enfoca tu vida en esa causa o propósito que realmente vale la pena: hacer el bien, ser honesto y buscar la verdad.
  5. Elegir el medio de vida adecuado. Una vez que entiendas cuál es tu propósito en la vida, ponlo en práctica.
  6. Haz un esfuerzo por ser bueno; ser persistente
  7. Enfoca tu atención.
  8. Concéntrate en ese noble propósito. Nunca te alejes del camino.

Si bien el Dharma expresa formas de paz, tranquilidad y sobre todo felicidad, un aspecto importante a resaltar es que más allá de buscar la felicidad, es desprenderse espiritualmente de lo que puede causar sufrimiento.  En la vida diaria, tenemos que mirar profundamente nuestras percepciones y no creer tan fácilmente en ellas. Siempre debemos volver a nuestras percepciones y cuestionar si lo hicimos bien o no. Para hacer eso, tenemos que practicar la atención plena y la concentración en la vida diaria. De lo contrario, podríamos tomar este sonido o esa imagen de maneras opuestas a lo que realmente son, de lo que se pretendía.

Dalai Lama visitó Taiwán en 1997 se refiere al Dharma de la siguiente manera  “todas las luchas y la falta de armonía en el mundo se remontan al hecho de que nuestras mentes estan en crisis. Esto es precisamente para lo que sirve el Dharma: para disipar el sufrimiento que experimentamos como resultado de la actividad incontrolada e implacable de nuestra mente”.

Se tiene que ser muy cuidadosos con las percepciones. Podemos pensar que la otra persona nos odia, y mucho sufrimiento puede provenir de una sola percepción errónea. Buda dijo “la mayor parte de nuestro sufrimiento proviene de percepciones erróneas”. Es por eso que tenemos que escuchar, mirar cuidadosamente y evitar las percepciones erróneas tanto como sea posible. Siempre debemos acudir a la persona que dijo o hizo algo y preguntarle si nuestra percepción era correcta. Tenemos que aprender a ver las cosas con mayor claridad en nuestra vida diaria y evitar las percepciones erróneas en la medida de lo posible. Nuestras opiniones correctas tienen mucho que ver con nuestras percepciones.

Cuando Damai Lama dijo “el propósito de la vida es buscar la felicidad, mientras todos los seres sintientes si persiguen la felicidad, también sin duda alguna buscan el sufrimiento”. Buda manifestaba que “el sufrimiento es una parte inevitable de la vida y el sufrimiento es una realidad de la vida”.

¿Como persiguiendo la felicidad buscamos el sufrimiento?

Buda habla del sufrimiento sin embargo Damai Lama manifiesta la felicidad. Es un hecho común que las personas desde el momento de su nacimiento busquen la felicidad, pero Damai Lama hace sensibiliza en una felicidad  espiritual, la practica espiritual da lugar a la alegría del Dharma. 

El Maestro Sheng Yen interpreta a Damai Lama enfatizando que desde el punto de vista de los seres comunes, quienes solo piensan en obtener  la felicidad tienden a terminar siendo hedoistas (doctrina moral que establece la satisfacción como fin superior y fundamento de la vida) lo cual es desviarse por un camino equivocado. Si bien argumenta que nuestro primer requisito de vida es la satisfacción, en términos de seguridad, comida, y un medio ambiente en el que vivir, nos lleva a que todo se trate de satisfacer el propio deseo. Así pues, el deseo está relacionado con la felicidad, uno se siente feliz cuando satisface su deseo. Si los deseos son excesivos e irrazonables, se convierten en sufrimientos.

Siguiendo con el Maestro Yen, explica que debemos reconocer que es natural buscar la felicidad, no obstante, si hacemos que la búsqueda de la felicidad sea la meta de la vida, no obtendremos lo que deseamos, sino que se terminara sufriendo. El maestro Yen habla que si la felicidad depende o se mantiene de algo, el tipo de felicidad que se persigue podria ser solamente una ilusión, una felicidad temporal, en lugar de felicidad eterna. La felicidad que se obtiene después del sufrimiento es solo recompensa de tu sufrimiento, pero después de disfrutar de la felicidad, vuelves a caer en el sufrimiento. De este modo nos dice que la vida es un ciclo interminable de felicidad y sufrimiento.

Las personas necesitan ser conciente que los que estan persiguiendo es felicidad , siempre quedan atrapadas en el sufrimiento. Asumir que la búsqueda de la  felicidad es la meta de la vida la búsqueda de la felicidad planteada por Dalai Lama es simplemente el punto de partida de nuestra vida. Cabe aclarar que si perseguimos meramente la felicidad en estímulos externos, estaremos trayendo sufrimiento a nosotros mismos. Más que intentar ser feliz hay que aceptar y modificar nuestras percepciones desde un ángulo espiritual.

 Dos monjes y una mujer – una lección de zen

Un monje mayor y un monje menor viajaban juntos. En un momento, llegaron a un río con una fuerte corriente. Vieron a una mujer muy joven y hermosa que también intentaba cruzar. La joven preguntó si podían ayudarla a cruzar al otro lado. Los dos monjes se miraron entre sí porque habían hecho votos de no tocar a una mujer. Luego, sin una palabra, el monje mayor recogió a la mujer, la llevó al otro lado del río, la colocó suavemente al otro lado y continuó su viaje. El monje más joven no podía creer lo que acababa de suceder. Pasaron dos horas, finalmente el monje más joven no pudo contenerse por más tiempo y soltó: “Como monjes, no se nos permite tocar una mujer, ¿cómo podrías cargar a esa mujer en tus hombros?” y respondió: “Hermano, la puse al otro lado del río hace dos horas, ¿por qué tu todavía la llevas?”

Esta simple historia Zen tiene un hermoso mensaje sobre la vida en el momento presente. ¿Con qué frecuencia llevamos las heridas pasadas y nos aferramos a los resentimientos cuando la única persona a la que realmente estamos lastimando es a nosotros mismos? Todos pasamos por momentos en la vida en los que otras personas de una manera u otra nos hacen daño. Podemos elegir reflexionar sobre acciones o eventos pasados, pero en última instancia, nos agobiara y agotará nuestra energía.

 

Renan Guevara Serrano

Estudiante de Maestria en Estudios Internacionales

National Chengchi University

Taipei, Taiwan

Categorías:Opinión

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